Lo tenemos dentro de nosotros y no podemos desembarazarnos de él... Podemos mortificarle, pero no matarle... Vencerle, pero no suprimirle... Es un traidor perpetuo y un compañero continuo.. Las excitaciones que salen de nuestra naturaleza corrompida, se unen en los incentivos de un mundo corruptor y perverso.
La lujuria hoy se ostenta descaradamente ante los ojos... Se reviste de las más seductoras formas para atraer las miradas... Se vale de todas las armonías para ganar los oídos... Y sus emanaciones pestilentes cubren la atmósfera intelectual y se diría que están en el aire que respiramos y en el alimento que nos sustenta... LÚBRICA se llama esta pasión y nada hay que sea más resbaladizo... Nadie está a salvo de sus ataques.
Ningún mortal puede fiarse de sí mismo para conseguir la victoria sobre la lujuria... No valió su ancianidad a los jueces de Israel para tratar de abusar de la casta Susana... Ni la sabiduría de Salomón para abstenerse de tomar mujeres idólatras.. David, tan santo que su corazón estaba cortado según el Corazón Divino, cometió adulterio... Sansón, tan fuerte, que no había atadura que le pudiera sujetar, no pudo romper los lazos que le sujetó una vil mujerzuela.
Los que más presumen en ser fuertes por sí mismos, son lo más expuestos a convencerse pronto de su cobardía... Castigo de la soberbia que engrandece más de lo posible, es la deshonestidad, que nos rebaja hasta el último límite... La lujuria, además de ser pecado que se propaga fácilmente si no estamos alertas, en vez de darle poca importancia, debe servir para que lo temamos y lo evitemos siempre... Por lo común es causa de otros pecados.
Todas las demás culpas, dice San Pablo, caen fuera del cuerpo del hombre... Pero el hombre deshonesto peca contra su mismo cuerpo... Cuando cree entregarlo al placer y al descanso, lo entrega realmente a los padecimientos y a la fatiga... Quiere gustar las dulzuras de la vida y no hace más que llevarse a los labios una copa de veneno, en cuyo fondo se ocultan el hastío y la muerte... Madre cruel... Madre del dolor... Llamaban los paganos a la diosa de la lujuria, manifestando así cuanta diferencia existe entre la realidad de este vicio y las apariencias con que sucede y atrae a infinidad de personas... Por complacer al cuerpo se ofende a Dios.. Y lo único que se consigue es perder a Dios, perdiendo también las fuerzas, la salud y aún la misma vida... Otro flagelo es el de las enfermedades de transmisión sexual, tan asquerosas como la corrupción llena de gusanos... Suelen nacer de una carne sumergida en el lodazal de la concupiscencia... Las primeras víctimas de las epidemias y las que menos resisten a la acción fatal de los gérmenes morbosos, son las naturalezas que los vicios enfermaron, dejandolas sin energías.
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