.: Exceso del amor de Jesús :.

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Cultura Cristiana

Donde haya odio... Ponga Yo amor

Publicamos esta carta, esperando que produzca muchos frutos en las personas de la lean... FRUTOS DE AMOR A LA VIDA HUMANA Y PERDÓN POR LAS OFENSAS

 

Soy Lucy... Una de las jóvenes religiosas que fué violada por los soldadoes serbios... Le escribo, Madre, después de lo que noas ha sucedido a mis hermanas Tatiana, Sandra y a mí...

Permitame no entrar en detalle de los hechos... Hay en la vida experiencias tan tremendas, que no pueden contarse a nadie más que a Dios, a cuyo servicio, hace apenas un año me consagré.

Mi drama no es tanto la humillación que padecí como mujer... Ni la ofensa incurable hecha a mi vocación de consagrada... Sino la dificultad de incorporar a mi fe, un suceso que forma parte de la misteriosa voluntad de Aquel a quien siempre consideré mi Esposo Divino.

Hacia pocos días que había leído “DIÁLOGOS DE CARMELITAS” y espontáneamente le pedí al Señor la gracia de morir mártir... Dios me tomó la palabra... ¡Pero de que manera!... Ahora me encuentro en una angustiosa oscuridad interior... Él ha destruido el proyecto de mi vida que consideraba definitivo y apasionado para mí y me ha introducido de improviso en un nuevo designio suyo, que en este momento soy incapaz de descubrir.

Siendo adolescente escribí en mi diario... “Nada es mío... Yo no soy de nadie... Nadie me pertenece”... Alguien, en cambio, me apresó una noche, que jamás quisiera recordar... Me arrancó de mí misma, queriendo hacerme suya.

Era ya de día cuando desperté y mi primer pensamiento fué el de la agonía de Cristo en el Huerto de los Olivos... Dentro de mí se desencadenó una lucha terrible... Me preguntaba porqué Dios permitió que yo fuera desgarrada, destruida precisamente en lo que era la razón de mi vida... Pero, también deseaba saber a qué
nueva vocación Él quería llamarme.

Me levanté con dificultad y mientras me ayudaba Sor Josefina a enderezarme, escuché el sonido de la campana del convento de las Agustinas, cercano al nuestro, que llamaba a la oración de las nueve de la mañana... Hice la señal de la cruz y recité mentalmente el himno litúrgico... “En esta hora sobre el Gólgota, Cristo, verdadero Cordero Pascual, paga el rescate de nuestra salvación”.

Madre... ¿Qué es mi sufrimiento y la ofensa recibida, comparados con el sufrimiento y ofensa de Aquel por quien había jurado mil veces dar la vida?... Dije despacio... “Que se cumpla en mí tu voluntad”.. Sobre todo ahora que no tengo donde aferrarme y que mi única certeza es saber que Tú, Señor, estás conmigo... Le escribo no para buscar consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas ofendidas en su honor y obligadas a una maternidad no deseada... Mi humillación se añade a la de ellas, y porque no tengo otra cosa qué ofrecer en expiación por los pecados cometidos por los anónimos violadores y para la reconciliación de las dos etnias enemigas... Acepto la deshonra sufrida y la entrego a la misericordia de Dios.

No se sorprenda Madre, si le pido que comparta conmigo una acción de gracias que puede parecer absurda... En estos meses he llorado un mar de lágrimas por mis dos hermanos que fueron asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades, y pensaba que no podía sufrir más... ¡Qué lejos estaba de imaginar lo que habría de suceder!

Diario llamaban a la puerta de nuestro convento centenares de criaturas hambrientas, tiritando de frío, con la desesperación en los ojos... Hace algunas semanas un muchacho de dieciocho años me dijo... “Dichosas ustedes que han elegido un lugar donde la maldad no puede entrar". El chico tenía en la mano un rosario... Y añadió en voz baja... “Ustedes no sabrán nunca lo que es la deshonra”.

Pensé largamente en sus palabras y me convencí de que había una parte secreta del dolor de mi gente, que se me escapaba y casi me avergoncé de haber sido excluida... Ahora soy una de ellas... Una de tantas mujeres anónimas de mi pueblo con el corazón destrozado y el alma saqueada... Es más, a mí, religiosa, se me concedió el privilegio de conocer hasta el fondo, la fuerza diabólica del mal.

Sé que de hoy en adelante, las palabras de ánimo y de consuelo que podré arrancar de mi pobre corazón, ciertamente serán creíbles, porque mi historia es su historia... Y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir, si no de ejemplo, por lo menos de referencia de sus reacciones morales y afectivas.

Basta un signo, un vocecita, una señal fraterna para poner en movimiento la esperanza de tantas criaturas desconocidas... Dios me ha elegido... (Que Él me perdone esta presunción)... Para guiar a las más humilladas de mi pueblo hacia un alba de redención y de libertad... Ya no podrán dudar de la sinceridad de mis palabras, porque vengo como ellas de la frontera del envilecimiento y la profanación.

Recuerdo que cuando frecuentaba en Roma la Universidad para la Licenciatura en letras, una anciana eslava, profesora de literatura, me recitaba estos versos del poeta Alexej Mislovic... “Tu no debes morir, porque has elegido estar de la parte del día”... La noche en que por horas y horas fui destrozada por los serbios me repetía estos versos, que los sentía como un bálsamo para el alma, enloquecida literatura, me recitaba estos versos del poeta Alexej Mislovic... “Tu no debes morir, porque has elegido estar de la parte del día”... La noche en que por horas y horas fui destrozada por los serbios me repetía estos versos, que los sentía como un bálsamo para el alma, enloquecida casi por la desesperación.

Ahora ya todo pasó y al volver la vista atrás, tengo la impresión de haber sufrido una terrible pesadilla... Todo ha pasado Madre, pero todo empieza de nuevo... En su llamada telefónica, después de sus palabras de aliento, que le agradeceré toda la vida usted me hizo una pregunta concreta... ¿Que harás con la vida que te han impuesto en tu seno?... Sentí que su voz temblaba al hacerme esta pregunta, a la que no creí oportuno responder de inmediato... No porque no hubiera reflexionado sobre el camino a seguir, sino para no turbar sus eventuales proyectos respecto de mí... Yo ya decidí... SERÉ MADRE... El niño será mío y de nadie más... Sé que podría confiarlo a otras personas, pero él, aunque yo no lo quería ni lo esperaba... TIENE EL DERECHO A MI AMOR DE MADRE... No se puede arrancar una planta con sus raíces... El grano de trigo caído en el surco, tiene necesidad de crecer allí, donde el misterioso, aunque inicuo sembrador, lo hechó para crecer.


Realizaré mi vocación religiosa de otra manera... Nada pediré a mi congregación, porque me han dado todo... Estoy muy agradecida por la fraterna solidaridad de las Hermanas, que en este tiempo me han llenado de delicadezas y atenciones... Y particularmente, por no haberme importunado con preguntas indiscretas... Me iré con mi hijo... No sé a donde, pero Dios, que rompió de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino a recorrer para hacer su voluntad... Volveré pobre.. Retornaré al viejo delantal y a los zuecos que usan las mujeres los días de trabajo... Y me iré con mi madre a recoger en nuestros bosques la resina de la corteza de los árboles... Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye desde siempre nuestros países... Por eso, al hijo que vendrá, le enseñaré solo a amar... Este mi hijo, nacido de la violencia, testimoniará junto a mí, que la única grandeza que honra al ser humano, ES LA DEL PERDÓN.

©2006 AEM