Es posible que el mundo te haga sentir los efectos de su perversidad... Te quejas de que muchos te persiguen, que te hacen burla, te ponen mala cara y te llaman con nombres ridículos e insultantes... Esto te obliga a dejar de hacer cosas buenas y tienes que hacer otras a escondidas... Y tal vez malas.
Que el mundo te persiga y se burle de ti, es muy satisfactorio... Eso indica que ya no le perteneces... Si le pertenecieras, cuidaría de tí como cosa suya, pero si te desprecia, es buena señal... Yá con ésto, empiezas a ser discípulo de Cristo.
Así lo dice Jesús... “SI FUERAS DEL MUNDO, EL MUNDO TE AMARÍA... PERO COMO NO ERES DE ÉL, SINO MÍO, POR ESO TE ABORRECE”.
Pero si es verdad que es satisfactorio verte comprendido entre los siervos de Dios, también me da que temer, las muchas obras buenas que omites a causa del RESPETO HUMANO... Porque así entenderás otra sentencia de Cristo... “EL QUE SE AVERGUENSE DE MI O DE MI DOCTRINA, YO TAMBIÉN ME AVERGONZARÉ DE ÉL, DELANTE DE MI PADRE”.
Es preciso no omitir, no hacer nada por respeto humano, sino rechazar esas actitudes infantiles, marchando por el camino de la virtud.
Cuando un joven miedoso, pasa en una noche obscura por un camino desconocido y encuentra por casualidad un árbol seco, cuyas ramas yacen cortadas por el suelo, al ver el bulto que se levanta detrás de ellas, al oír que el ramaje se mueve agitado por el viento, se le hiela la sangre en las venas y vuelve hacia atrás, asustado, creyendo tener al frente un terrible enemigo que le ataja el paso.
Pero si llega hacia él un hombre experimentado, que conoce el camino, le dice qué hay y le anima a seguir, entonces aquel joven inexperto ve claramente que lo que creía que era un fantasma, es algo natural e inofensivo.
Así también, lo que te molestan las palabras ofensivas, no son mas que palabras que se lleva el viento... Tal vez te llamarán beato, persignado, santurrón, hipócrita, y te sentirás mal... Pero ... ¿Que importa?... Cada vez que te digan eso, es una prueba más de que sigues el partido de Cristo, nuestro Salvador.
Conviene, pues, que desde ahora hagas la firme resolución de romper abiertamente con el mundo, sin hacer caso al “QUÉ DIRÁN”... Porque todos esos miedos y respetos son espantajos de niños, voces que el aire se lleva y con frecuencia son motivados por la imaginación.
¿Crees entonces que de los tres enemigos del alma, uno es EL MUNDO?... ¿Harías caso de lo que ese enemigo te diga?... ¿Quién tuvo jamás por seguro el consejo de su adversario?... ¿Quién ha caminado con miramientos, para no desagradar a un contrario, que le tiene declarada eterna guerra?... ¿Quién tuvo alguna vez consideraciones para con un enemigo irreconciliable?... ¿Serás como aquellos fariseos que conocieron la Divinidad de Cristo, pero no se atrevieron a seguirle por temor al mundo?... ¿Tendrás en más la gloria de los hombres que la de Dios?
Además... ¿Qué mal te hacen las voces del mundo?... ¿Qué te dan o qué te quitan?... Tal vez molesten tu amor propio... Esto es lo mismo que hizo Pilatos por no desagradar al pueblo... Y eso hacen cada día algunas personas devotas, que no entienden lo que dijo San Pablo... “SI YO PRETENDIERA AGRADAR A LOS HOMBRES, YA NO SERÍA APÓSTOL DE CRISTO”.
Piensa ahora tú, alma cristiana, lo que el mundo quiere con sus burlas y sus insultos... Lo único que desea, es apartarte del camino de LA PERFECCIÓN.
Es un ser tan perverso y tan malvado, que cuando ve la virtud en las almas, se siente ofendido y no lo puede sufrir... Quisiera que no existiera la virtud en la tierra, o que de haberla, fuera tenida por afrenta o deshonra.
El RESPETO HUMANO es repulsivo, porque nos aparta de la virtud... Y se reviste también como un deseo de agradar... Nada es más lastimoso, que una alma piadosa actúe como si quisiera contentar al mundo... Entonces sus buenas obras, en vez de estar informadas por la gracia, las dirige el RESPETO HUMANO, que destruye en ellas el elemento sobrenatural y las priva de merecimientos... Como falta la RECTITUD DE INTENCIÓN, carecen las buenas obras de la parte más substancial... Son buenas obras solo en apariencia y malas en realidad.
Se parecen a esas manzanas que presentan por fuera un olor sabroso, pero por dentro están llenas de gusanos.
Lo sustancial de nuestras acciones es el fín con que se hacen... Cuando este fín es tan rastrero como el de agradar al hombre, la
acción pierde toda su espiritualidad y mérito.
Lo peor es que cuando el RESPETO HUMANO se familiariza con una persona devota, vicia por completo todas sus obras... Ese RESPETO HUMANO se le convierte en una distracción habitual, que le acompaña siempre en el rezo, en la meditación, en la calle, en las fiestas, en todas partes y siempre la verás como un árbol sin fruto, semejante a la higuera del Evangelio maldecida por Cristo, ya que la mandó cortar para ser echada al fuego.
¿Qué remedio hay para tan desastroso fín?
Basta considerar el mal que acarrea el RESPETO HUMANO y lo vergonzoso y desagradable que es en sí mismo.
Pero existen otros medios más fáciles y eficaces... Acude a la PRESENCIA DE DIOS y analiza la RECTITUD DE INTENCIÓN... Ambas virtudes son el antídoto del respeto humano, en lo que concierne al deseo de agradar al mundo... Porque en cuanto se tiene el temor del “QUÉ DIRÁN”, su remedio eficaz es el propio vencimiento.
De San Francisco de Borja se cuenta, que salió una vez de su colegio con una olla para dar de comer a los pobres... De pronto se encontró con su hijo, el Duque de Gandia, que venía por la calle con un lujoso acompañamiento... Sin quererlo, de improviso, sintió vergüenza de que lo vieran... El RESPETO HUMANO lo atacó al pensar qué dirían aquellas gentes al verlo así... Y escondió disimuladamente la olla... Pero en cuanto cayó en la cuenta de su cobardía, se avergonzó, sacó la olla de debajo de su manto y se la puso en la cabeza... Pasó así junto al caballo de su hijo y éste, así como algunos de sus acompañantes, se les salieron las lágrimas y quedaron edificados al ver la humildad de su antiguo señor.
Desde entonces, nunca más le asaltó el RESPETO HUMANO y despreció siempre al mundo... Así nos lo mencionan sus biógrafos.
Imitemos la conducta de este Santo... Y si tenemos al mundo por enemigo... ¡Guerra a muerte contra él!... Una de dos... O lo exterminamos o lo desterramos de nosotros... Solamente así creceremos en la virtud de la PERFECCIÓN
