Jesucristo derramó su Sangre y entregó su vida por nosotros en la Cruz hace dos mil años, una sola vez... En cambio ahora, en el Santo Sacrificio de la Misa, lo hace cientos de millares de veces todos los días, tantas, cuantos sacerdotes hay en el mundo.
En la Misa se renueva la grandeza del Calvario... Todos los actos de Cristo tienen un valor infinito, por ser Dios... En su sangriento Sacrificio quiso que fuera simbolizado su amor a todos los hombres, dando la vida por quienes amaba.
Creemos que el pan y el vino que consagró el Señor en la Última Cena, se convirtieron en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecidos por nosotros en la Cruz, para perpetuarse por medio de la Santa Misa hasta la consumación de los siglos.
Y creemos que la misteriosa presencia del Señor, bajo lo que sigue apareciendo a nuestros sentidos igual que antes, es una presencia en la que el Señor esta presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad... Este cambio misterioso es llamado por la Iglesia...“TRANSUBSTANCIACIÓN”.
La Misa es la fuente de la vida de la Iglesia... Ella glorifica más a Dios que el cantar de todos los Ángeles y Santos y los sacrificios de adoración de todos los mortales... Es el único Sacrificio digno de la augusta Trinidad, por ser el Sacerdote y Víctima, una de las tres
Personas Divinas.
Todo hombre, por ley natural, está obligado a ofrecer sacrificios a Dios... Al menos el sacrificio interior, espiritual, que tiene su expresión en el sacrificio exterior... El sacrificio exterior es doble... Uno de carácter privado que deben ofrecer todos los cristianos y consiste en manifestar con acciones exteriores el honor a Dios, en el ejercicio de todas las virtudes... En otro, es el sacrificio oficial, el cual solamente lo ofrecen, en nombre de todos, aquellos que han sido ordenados para ello... LOS SACERDOTES... Ofrezcamos siempre el sacrificio espiritual de nuestra devoción que es el alma de todo sacrificio externo...
El Salmo 51 nos dice...“El sacrificio grato a Dios es un corazón contrito”.
Seamos conscientes, cuando asistimos a la Santa Misa, de su realidad de verdadero Sacrificio, en el que Cristo se ofrece al Padre... Unámonos al sacerdote, ofreciendonos también a Cristo, en un Sacrificio plenamente agradable al Padre, para su mayor gloria y remisión de todo los pecados que se cometen en el mundo... Ofrezcamos con Cristo víctima, todas nuestras acciones del día... Dolorosas o agradables, en reconocimiento de su absoluta grandeza, como el sacrificio de amor... Uniéndonos a Cristo, para que seamos aceptables al
Padre.
No existe Sacrificio más grande que la Santa Misa... Vivámosla diariamente si es posible, uniendo nuestros sentimientos de amor y adoración a nuestro Redentor, aquí en la tierra.
Apreciemos la Misa en su valor infinito... Con un fin LATRÉUTICO... Como acto de homenaje y adoración a nuestro Padre y Creador... Con un fin EUCARÍSTICO... Como único Sacrificio digno de Dios, en que se le dan gracias como Él merece... Con un fin IMPETRATORIO... El más eficaz para conseguir el remedio de nuestras necesidades... Y con un fin EXPIATORIO... El más sublime para aplacar a Dios a quien ofendimos con nuestros pecados... No olvidemos que del Cáliz Eucarístico salen y circulan todos los demás canales de la gracia... El Sacrificio de la Misa es la perfección y culmen de todos los Sacramentos.
Somos criaturas... La Santa Misa es el medio para alabar a nuestro Creador... Somos pecadores... Unamos nuestras satisfacción a la satisfacción de Cristo... Somos pobres... Cristo en la Santa Misa todo lo puede conseguir del Padre... Somos hijos de Dios... Por medio de la Santa Misa entonamos un himno infinito de acción de gracias.
Ama la Misa y tu corazón se encenderá en el amor de Dios... Prepárate a participar digna y devotamente y el Señor te colmará de abundantes frutos... Participa en ella cuantas veces te sea posible y sentirás a Dios vivir en tu corazón.
Acude a tu Parroquia... Es tu madre... Sacrifica por ella tus gustos personales y un poco de tus comodidades... No estés mudo en la Misa como si estuvieras en un entierro... Fuera respetos humanos... “Nunca somos más hombres que cuando nos postramos de rodillas ante Dios, que es la única razón de ser de nuestras vidas”... El espectáculo maravilloso del mundo ante los ojos de Dios en un día de precepto, es el cuando nos postramos de rodillas ante Dios, que es la única razón de ser de nuestras vidas”... El espectáculo maravilloso del mundo ante los ojos de Dios en un día de
precepto, es el auténtico pararrayos de la justicia Divina.
¡Qué acogida tan solícita y benévola hará el Divino Maestro en las puertas del Cielo, a los que diariamente le paguen este tributo de fidelidad y amor!... Jesús los reconocerá inmediatamente, por haberlos visto tantos días a su lado... Esas almas pueden estar seguras
de encontrarse con un Amigo a la hora de la muerte, más que con un Juez.
La Misa es MI MISA, mi ofrenda y mi sacrificio... ¿Vivo de esta fuente de Vida Divina?... ¿Soy testigo mudo de MI MISA?... Seamos consecuentes y vayamos a Misa “puntualmente”, para algo más que para cumplir su precepto... Acerquémonos con anhelo al altar de Dios... ¡Cuántos pierden esta oportunidad magnifica de manifestar su amor y de acercarse a la
puerta de nuestra alegría!
Pongamos en la oblación diaria nuestro grano de trigo... Dios que prometió el ciento por uno, nos dará a cambio una mies inagotable... Tu vida ha de ser tan limpia como la gota de agua que se mezcla con el vino... Tu alma tan transparente como ella... Debes hacerte digno de dejar de ser tú, para ser de Cristo... San Pío X nos dice... “NO RECES EN LA MISA... REZA LA MISA”... La unión con la ofrenda de la Iglesia, es la más alta y completa de todas las
oraciones..
©2006 AEM
