.: Exceso del amor de Jesús :.

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Cultura Cristiana

Exceso del amor de Jesús

Él se hizo nuestra eterna merced y recompensa, si le servimos con fidelidad... Es nuestra prenda y segura salvación, porque Él lo dijo... “EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE... TIENE LA VIDA ETERNA”

 

Cuando habló el Profeta David del Santísimo Sacramento, dijo que el Señor ha resumido en él las obras más prodigiosas de su infinita caridad... Para quedar convencidos de esto, nos basta recorrer brevemente las muchas maravillas que Dios ha obrado en nuestro favor.

Contempla el poderío de Dios, que con una sola palabra, saca de la nada a tantos seres maravillosos... Así ejercita muchas veces al día el Sacramento Eucarístico, donde con un prodigio inaudito, se da a Sí mismo un ser sacramental, para hacerse nuestro alimento y bebida.

Maravillosa es la conservación de nuestra vida, que con razón puede llamarse una creación continua... Porque si por un solo instante Dios apartara de nosotros su mano, al momento volveríamos a la nada de donde salimos... Pero... ¿Qué tiene que ver esta maravilla, con la que obra en el Santísimo Sacramento?... El nos conserva no solo la vida temporal, que es miserable y caduca, sino la espiritual, que tanto le aventaja en excelencia... Como el cielo a la tierra o como el alma al cuerpo.

Por nuestro amor se encarnó el Verbo de Dios en el seno virginal de María Santísima y se anonada hasta tomar forma de hombre, apareciendo en la tierra vestido con nuestra carne y conversando con nosotros... Otro tanto hace el Señor a cada instante en el Sacramento de la Eucaristía, donde se encarna en las manos de los sacerdotes cuando consagran, y se aniquila tomando la apariencia de pan.

Habiendose encarnado el Hijo de Dios por nosotros, se hizo todo para todos... Para acomodarse a la condición de los pobres, nació pobre en un establo... Para mostrarse a los grandes, escogió una Madre de estirpe real... Para granjearse el cariño de las clases humildes, se hizo adorar en el pesebre por los pastores... Para atraer a los ricos, llamó desde Oriente Reyes que le ofrecieron dones riquisimos.

Él fué con los peregrinos, fugitivo a Egipto... Con los artesanos, sudó trabajando en un taller... Con los sabios, disputó en medio de los Doctores de la Ley... Sin duda fué gran maravilla ver a la eterna Sabiduría del Padre, emplearse en crear mil formas para cautivar el amor de los hombres y hacerse todo para todos.

Sin embargo, es mayor la maravilla que obra en el Sacramento Eucarístico, donde se da todo Él y se hace todo para todos, para atraparlos a todos en las redes de su amor.

En todas partes se halla, haciéndose el encontradizo... En el pueblo más insignificante... En la capilla mas pobre... En todos los santuarios, está prisionero de nuestro amor... Desde allí se deja llevar hasta las casas más miserables... A los hospitales más pestilentes... A los calabozos más tenebrosos... A nadie le está prohibido acercársele, para tratarle con franqueza y cordialidad, como se le habla al amigo más entrañable... El grande y el pequeño... El esclavo y el señor... El pobre y el rico... Todos, absolutamente todos, estamos invitados a su Divino Banquete.

Él se hizo nuestra eterna merced y recompensa, si le servimos con fidelidad... Es nuestra prenda y segura salvación, porque Él lo dijo... “EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE... TIENE LA VIDA ETERNA”.

ORACIÓN

¡Jesús nuestro!
¡Cuán cierto es, que habiendo Tú amado
a los hombres, los amaste hasta el exceso,
cuando instituiste el Sacramento
de la Eucaristía.
Reconocemos tu extrema bondad
y deseamos corresponder a tu amor,
amandote y complaciéndote...
Te amamos, dulce Jesús.
Te amamos sobre todas las cosas...
Antes que entres en nuestros corazones,
procura cerrar todas sus puertas,
para que no entre en ellas criatura alguna
a participar del amor que solo a Tí te es debido
y que deseamos que sea únicamente para Tí.

PROPÓSITO

Visitar diariamente al Santísimo, siempre que los deberes nos lo permitan.

©2006 AEM