La primera es humildad, encubriendo su infinita grandeza y resplandor con una figura tan vil como es el pan y el vino... De donde resulta que muchos lo desprecian y lo tratan como puro pan y puro vino.
La segunda es obediencia pronta y puntual al sacerdote que consagra, acudiendo luego que dice aquellas palabras, aunque sea malo y las diga con mala intención y para mal fin, y en cualquier lugar y hora que las diga, sin réplica ni dilación alguna.
La tercera es mansedumbre y paciencia admirable en todas las injurias que se le hacen, tanto por los herejes e infieles, como por las almas que lo reciben en pecado, o por los descuidos de los sacerdotes tibios, sin que deje de estar en la Hostia todo el tiempo que duran las especies sacramentales.
La cuarta es la caridad y misericordia con que viene al Sacramento para ejercitar todas las obras de misericordia con todos los hombres, grandes o pequeños, no mirando mas que al bien de cada unas de las almas, dándose todo a cada una de ellas.
La quinta es la perseverancia, así en permanecer en la Hostia y el Cáliz, hasta que se consuman las especies sacramentales... Como también en cumplir todo lo dicho hasta el fin del mundo, sin que ningún pecado sea tan poderoso, para que deje de cumplir lo prometido.
En cada una de estas cinco virtudes se pueden hacer grandes consideraciones... Pero cuando vaya a comulgar, se las pediré a este Gran Señor, poniendo los ojos de la fe en las cinco señales de las llagas que tiene allí su Cuerpo glorificado.
ORACIÓN
¡Señor y Dios mío!
¡Fuente perenne de toda gracia
y ejemplar de toda santidad!
Yo deseo ardientemente parecerme a Tí
en tus afectos, deseos y virtudes... Transformarme en Tí,
vivir de Tí y para Tí...
Quiero copiarte en mi corazón
para merecer que el Eterno Padre
vea en mí tu imagen divina...
Revísteme, buen Jesús,
de tus sentimientos y tus amores,
para que no haya en mí
nada que te ofenda o desagrade.
PROPÓSITO
En todo lo que hagas, piensa cómo lo haría Jesús, procurando imitarlo... Pensando en Él siempre... Apoyado en una oración fuerte y continua y tomado de la mano amorosa y suave de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe , Señora y Reina de todos los exicanos... Ella te acercará siempre a su Divino Hijo, pues tiene el poder para ello.
.©2006 AEM
