La escena del Huerto de los Olivos es la más desconcertante y probablemente, la más dramática de todo el Nuevo Testamento... Es realmente UNA PÁGINA NUEVA Y ÚNICA DE TODOS LOS LIBROS SAGRADOS DE LA HUMANIDAD... Jamás escritor alguno hizo descender tan hondo a su CAMPEÓN, y menos aún si veía en él algún resquicio de divinidad... La imagen de un Dios temblando, empavorecido, tratando de huir de la muerte, mendigando ayuda, es algo que jamás nadie había soñado.
Y sin embargo, los Evangelistas lo describen con una naturalidad que es aún más desconcertante que lo que narran... Con una objetividad fría, sin mostrar simpatías al perseguido o antipatías a los perseguidores, sin aportar explicaciones que evitaran el escándalo que esta página pudiera causar en los seguidores de Jesús... Los Evangelistas cuentan la escena con un candor que
no puede menos que darnos vértigo.
VÉRTIGO SÍ... Esto es lo que produce, a cualquiera que tome la situación en serio... La idea de un Dios acorralado por el miedo... De un Redentor que trata de huir de su tarea... De alguien que tiembla pocas horas antes de girar la historia
del mundo.
Para un griego o un romano, un sabio es la imagen del desapego perfecto... De la impasibilidad del dolor... Un sabio no se conmueve por nada... No vacila ante una muerte que tiene previamente digerida... PERO ESTE JESÚS GIME ANGUSTIADO PIDIENDO MISERICORDIA.... No oculta que su corazón está aterrado.
Para un griego o un romano... ¡Y también para muchos cristianos!... Un Dios es alguien inalcanzable... Alguien que vive en el éter de la luz inextinguible... Alguien a quien jamás rozan nuestras miserias... El que apenas logra enterarse que en el mundo hay dolor... PERO ESTE JESÚS DEL HUERTO, SÍ ES UN DIOS... Es un Dios caído, rebajado, hundido en la realidad humana, sumergido en la misma miseria.. Es alguien que va hundiéndose en la realidad del hombre, hasta asumirla en toda su plenitud, en esta agonía y la muerte que llega.
Algunos Padres de la Iglesia sintieron la necesidad de ponerle atenuantes, para que algunos cristianos no fueran a dudar de la divinidad de Jesús... Hasta este momento todas las páginas evangélicas nos habían mostrado un Jesús sereno... De alma trasparente... Seguro de sí mismo... Unido estrechamente con un Padre que siempre oía su oración... Obrando y hablando con la majestad de quien tiene poder para realizar cuanto hace... Desconocedor de la vacilación, de la duda o del miedo.
Ahora nos encontramos con un Cristo poseído por la tristeza... Turbado en su mente... Angustiado en su Corazón... Tímido y vacilante... Repitiendo tercamente la oración como quien teme no ser oído... Aparentemente alejado de su Padre... Necesitado de consuelo... Mendigando compañía... Débil y aparentemente cobarde ante la muerte.
Algunos copistas evangélicos llegaron incluso a omitir algunos de los detalles más humillantes... EL SUDOR DE SANGRE.. LA NECESIDAD DE UN ÁNGEL CONSOLADOR... Sin embargo, los evangelistas nada de eso ahorraron... AFORTUNADAMENTE... Sin ello, no se hubiera conocido hasta que profundidad asumió Jesús la humanidad... Hasta dónde ama el Dios verdadero... Hasta dónde la Encarnación unió humanidad y divinidad sin mutilarlas... Sin esta escena nunca hubiéramos conocido,
LA VERDADERA REALIDAD DE CRISTO.
.
